El pecado del mico



Cuando esto no logró los efectos que buscaba, Milton ensayó otro enfoque. En una de sus paradas para cazar, todos vimos encima un grupo de micos araña. Milton tomó su rifle y bajó a uno de un solo tiro, el cual cayó a pocos pasos del camino. Fue a buscarlo, lo agarró por la cola y lo arrastró hasta el centro de nuestro grupo.

Podíamos ver que el mico aún respiraba. Estaba acostado de espaldas y evidentemente vivo. Milton se acercó a uno de sus guerrilleros y le sacó el machete de la funda. Levantó la herramienta y durante una décima de segundo nos pareció ver que ese gran cuchillo se transformaba en un arma.

Milton miró al mico y luego nos miró a nosotros. Levantó el machete y lo hizo rotar en la mano antes de golpear la cabeza del mico en el plano de la hoja. Al hacerlo, gritó "¡whack!", como si estuviera en una de esas tiras cómicas malas y estuviera narrando los efectos de sonido. La sangre brotó de la cabeza del mico y se le metió en el ojo. Aún así, continuaba respirando.

Milton agarró la pierna derecha del animal y comenzó a serrucharla por la ingle. Algunos de nosotros nos volteamos de espaldas con el primer golpe y otros más lo hicieron después de que le cortó la pierna. Podíamos oírlo machetear a través de la carne y los tendones, y oímos cómo se partía la articulación. Se nos revolvió el estómago. Siguió con la otra pierna. Yo me volteé a mirar, esperando que el animal ya hubiera salido de su martirio. El mico seguía acostado, con los ojos abiertos, aún respirando.

Los tres nos quedamos allí parados mirándonos fijamente. Apartamos luego la vista hacia el piso, los árboles, cualquier cosa que no fuera Milton. No lograba sacar de mi mente la imagen de Milton como el cirujano que le había practicado la cesárea a Clara Rojas. Con razón le había roto el brazo a Emmanuel. Me sentía mal por el mico, pero en ese momento lo que pasó por mi mente fue el sufrimiento de ese niño. Emmanuel con frecuencia estaba acostado mirando al cielo, sin ver y esperábamos, sin sentir. A pesar de lo horrible de la escena que teníamos ante nosotros, lo que me obsesionaba era la imagen de Clara, parada en la cerca del complejo del Campamento Caribe gritando para que le devolvieran a su bebé.

La carnicería de Milton era demasiado para que cualquiera de nosotros la pudiera soportar. Sabíamos que era un hombre sin educación empobrecido. Había crecido en un ambiente que le había formado su modo de pensar y su definición de crueldad, pero no podíamos excusar lo que estaba haciendo a ese animal, lo que le había hecho al bebé de Clara o lo que nos había hecho a nosotros.

Milton llamó a una de las mujeres para que se acercara y luego a uno de los hombres. Hizo que el hombre amarrara la pierna ensangrentada del morral de la mujer. Ella tenía los ojos llorosos y temblaba. Hizo lo mismo con la otra pierna y el otro guerrillero. Luego dio la orden de partir. Su bota y no su cabeza seguía al mando. Todos desfilamos frente al mico acostado de espaldas, con los ojos abiertos, aún respirando.


El pecado del animal fue haberse topado con un grupo de guerrilleros de las FARC. Es incomprensible como hay ignorantes en el mundo que aún creen que estos cafres son los "liberadores" del pueblo colombiano.

Escrito extraído del capítulo XI del libro "Lejos del Infierno" escrito por Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes con Gary Brozek.

1 comentarios:

Alquimista Artificial dijo...

La verdad es que la crueldad absoluta de las FARC, esta quedando en evidencia con todos los libros y relatos publicados por los ex secuestrados, no se como todavia hay gente en este pais que los ve como santos revolucionarios.